La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 5.– ”¿Ignoras acaso que la ley más antigua de tu país no autoriza el destierro una vez que el ciudadano ha asentado el hogar en su suelo? Porque aquel que se pone al abrigo de sus murallas no puede temer el castigo del destierro; pero si no quiere habitar dentro de su recinto, claro es que renuncia a sus derechos.
6.– ”Por eso me conmueve no tanto la contemplación de este lugar, cuanto la de tu propia persona. No echo de menos aquella hermosa biblioteca decorada con vidrios y marfil, sino el interior de tu alma, en la cual yo en otro tiempo dejara depositados, no libros, sino lo que a éstos da valor, a saber, los pensamientos contenidos en mis libros.
7.– ”Y ciertamente, los servicios que tú has prestado al interés común te han inspirado palabras justas sin duda, pero en demasía breves con relación a lo ingente de tus beneficios.
8.– ”Nadie hay que pueda negar la falsedad de los cargos acumulados contra ti, que es lo que tú has aducido en defensa de tu honorabilidad. Tienes toda la razón al exigir que se esclarezcan los crímenes y fraudes de tus delatores, porque la voz del pueblo, que nada olvida, es el medio más seguro y elocuente de publicarlos.