La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía No vayáis a buscar violetas al prado teñido de púrpura, cuando en la estremecida llanura sopla el furioso aquilón; no queráis con mano ávida vendimiar en primavera, si es que pretendéis saborear los racimos: es en otoño cuando Baco prefiere prodigar sus dones. Cada estación tiene su misión propia, escogitada por el mismo Dios, quien no permite se trastorne el orden por Él establecido.
”De la misma manera, precipitar el curso de las cosas, abandonando el plan prefijado, jamás conducirá a un desenlace feliz.
1.– ”¿Me permitirás, pues, que tantee y pruebe tu espíritu por medio de preguntas para saber el tratamiento que te conviene?”
2.– “Pregúntame a tu arbitrio —dije yo—, como a quien sabes está dispuesto a responder”.
3.—“¿Piensas que nuestro mundo es movido por las fuerzas ciegas del azar o crees que haya en él una dirección inteligente?”
4.– “¿Cómo? —dije—; imposible me sería imaginar que un conjunto tan bien ordenado pudiera depender de las fuerzas ciegas del azar; por el contrario, estoy persuadido de que es Dios quien dirige la obra que ha creado, y jamás podré pensar otra cosa.