La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía ”Aunque la abundancia de colmado cuerno repartiera sin retirar su mano todos los bienes imaginables, numerosos como las arenas que remueve el océano agitado o como las estrellas que ostenta una noche serena, no por eso cesarían los mortales en sus quejas y lamentos. Podrán los dioses escuchar cuantos votos se les dirijan, prodigar sin límites el oro y la riqueza, llenar al ambicioso de honores deslumbrantes: lo ya conseguido en nada se estima; la codicia brutal devora su presa y abre sus fauces en demanda de nuevas cosas. ¿Qué frenos podrían contener dentro de justos límites a la avaricia desbocada, si aun la abundancia de generosos presentes enardece todavía más la sed de poseer? Nunca es rico quien con lamentos y clamores se juzga en la miseria”.
1.– “Si, pues, la Fortuna te hablaba así para defenderse de tus recriminaciones, ciertamente nada tendrías que responder; no obstante, si de alguna manera sabes justificar tus quejas, puedes hacerlo: te escucho”.
2.– Entonces dije: “Todo eso no pasa de ser especiosa argumentación; tales palabras, envueltas en la miel de la retórica y de la poesía, sólo agradan mientras se escuchan; pero el que sufre da un sentido más hondo a su desgracia, y dejando de oírlas, el pesar que lleva dentro le oprime el corazón”.