La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 3.– “Sin duda —replicó—, todavía no es ése el remedio de tu mal; pero sí es una primera cura que de momento aliviará tu dolor tan pertinaz.
4.– ”Porque cuando sea oportuno, ya te daré algo que penetrará hasta el fondo de tu alma. Mas no por esto insistas en querer que se te crea desgraciado; porque ¿acaso has olvidado la medida y alcance de tus pasadas dichas?
5.– ”Pasaré por alto el que después de haber perdido a tu padre fueras recogido por los hombres más distinguidos; que fueras elegido para entrar a formar parte de las familias más ilustres, parentesco, a la verdad, el más estimable; en una palabra: que fueras su amigo antes que su aliado.
6.– ”¿No fuiste considerado por todos como el más feliz de los mortales por la distinción y alcurnia de tus suegros, por la belleza y recato de tu esposa, por tu orgullo de padre al estrechar entre tus brazos sólo hijos varones?
7.– ”Tampoco mencionaré, por ser cosa corriente, el que en tu juventud te vieras investido de dignidades y cargos que se habían negado a los más provectos: quiero destacar lo que te llevó al colmo de tu felicidad.