La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 8.– ”Y puesto que el afán de conservar la vida es lo que domina a los mortales, ¿no te he de reputar por hombre feliz, conociendo los bienes que posees y sabiendo que aún retienes lo que se estima más que la misma vida?
9.– ”Enjuga tu llanto, que no te ha abandonado del todo la fortuna, ni es tan pavorosa la tempestad que te envuelve: siguen inconmovibles sólidas áncoras que te reservan el consuelo del día de hoy y la esperanza del mañana”.
10.– “Oh, si —dije—; que no me abandonen es lo único que pido. Pues mientras en esas áncoras me vea afianzado, cualesquiera que sean mis azares me salvaré del naufragio. ¡Pero ya ves cuánto ha rebajado mi dignidad!”
11.– Continuó la Filosofía: “Algo he conseguido en mi intento de aliviarte, si ya no estás del todo descontento con tu suerte. Mas no puedo tolerar las exigencias de tu irritada sensibilidad cuando con tanta amargura te quejas de que algo falta para tu dicha.
12.– ”Porque, ¿quién es tan absolutamente feliz que no pueda oponer la menor objeción sobre las condiciones de su vida? El anhelo ansioso es la suerte de las humanas dichas, que nunca llegan completas, ni son perpetuamente duraderas.