La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 4.– ”Pues por divino privilegio conservas aún intacto lo más preciado entre todo lo que pudo darte la Fortuna. ¿Y te atreverás a increpar a la desgracia disfrutando los mejores de tus bienes?
5.– ”Todavía sigue incólume aquél que es la gloria más ilustre del género humano, tu suegro Símaco; y lo que es más, ese hombre, todo ciencia y virtud, indiferente a los ultrajes que soporta, llora por tu infortunada suerte: ¡honor que tú no dudarías en comprar con el sacrificio de tu propia vida!
6.– ”Vive también tu esposa, cuya alma es la prudencia misma, cuya honestidad y recato realza la más exquisita delicadeza; que, para decirlo en pocas palabras, es la imagen de su padre. Sí, vive sólo para ti; y aborreciendo el mundo, por ti aprecia únicamente su existencia... No negaré que anubla tu dicha posible el saber que se consume en llanto y dolor por el miedo de perderte.
7.– ”¿Qué diré de tus hijos, elevados a la dignidad consular, en los cuales, cuanto lo permite la edad, resplandecen la imagen y los talentos de su abuelo y de su padre?