La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 34.– ”Así, tú que hoy gimes angustiado por el temor del palo y de la espada, si hubieras empezado el camino de la vida con las manos vacías, cantarías regocijado a la vista de un ladrón.
35.– ”¡Menguada condición la de las riquezas humanas, que, una vez adquiridas, hacen perder el sosiego!31
”¡Feliz edad la de aquellos hombres que sabían contentarse con el fruto de los campos feraces, que vivían robustos lejos del lujo enervador, que en la simple bellota encontraban alivio a su ayuno prolongado!
”No conocían la mezcla de los dones de Baco con la fluida miel, ni sabían teñir en la púrpura de Tiro el espléndido tejido de sedas orientales.
”El césped les brindaba mullido lecho para un sueño reparador, en las rápidas corrientes de los ríos encontraban su bebida y bajo la sombra de elevados pinos su descanso.
”No habían surcado el océano, ni jamás abordaran playas remotas en busca de exóticas mercancías.