La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 4.– ”¿Dices que estás deseoso de oírme? Arderías en ansias infinitas de escucharme si supieras a dónde quiero llevarte”.
5.– “¿Adónde, pues?” —dije.
”A la felicidad verdadera —respondió—; a esa dicha suprema que tú has soñado, pero que no puedes ver, ofuscada como está tu mente por engañosas apariencias”.
6.– A lo que repliqué: “Habla, te lo suplico; y muéstrame sin titubeos cuál es esa verdadera felicidad”.
7.– “Hablaré gustosa —prosiguió—, para complacerte; pero antes intentaré representar y describir el estado que tú mejor conoces; y con la visión clara del mismo, cuando vuelvas atrás tus ojos, podrás llegar a vislumbrar lo que es la felicidad verdadera.
”El que quiere sembrar un campo virgen comienza por despejar de malezas el terreno; corta con su hoz zarzas y helechos para abrir camino a Ceres, que luego vendrá cargada con el peso de nueva abundante cosecha.
”El fruto de las abejas parece más dulce, si antes han gustado los labios un sabor amargo.
