Elantris
Elantris El prÃncipe Raoden despierta sin saber que su vida ha terminado. En la luz de la mañana, todo parece normal... hasta que ve su reflejo: su piel está manchada, su cabello ha cambiado. La Shaod lo ha tomado. En cuestión de horas, es desterrado a Elantris, la otrora gloriosa ciudad de los dioses, ahora una prisión de seres malditos. Dentro de sus murallas ennegrecidas, el dolor nunca cesa, la esperanza es un eco lejano y la muerte es un lujo inalcanzable. Pero Raoden no está dispuesto a rendirse. Aún no.
Raoden despertó con la certeza de que algo iba mal. Su habitación, bañada por la luz de la mañana, parecÃa la misma de siempre, pero su cuerpo… no. Se llevó las manos al rostro, sintiendo la piel áspera, enferma. Caminó hacia el espejo con un nudo en el estómago y lo que vio lo dejó sin aliento. Sus ojos seguÃan siendo los mismos, pero su piel estaba manchada con parches oscuros, su cabello se habÃa vuelto gris. La Shaod lo habÃa tomado.
—¡No… no puede ser! —susurró, retrocediendo tambaleante.
La puerta se abrió de golpe y su criada, Elao, entró con la bandeja del desayuno. Al verlo, dejó escapar un grito y dejó caer la comida al suelo.
—¡Domi nos proteja! —susurró, llevándose una mano temblorosa al colgante religioso.
