Elantris
Elantris Galladon resopló, cruzado de brazos.
—¿Y qué propones, sule? ¿Un reino de los muertos?
—No estamos muertos. Nos han dejado aquà para pudrirnos, pero aún somos personas. Podemos construir algo mejor.
No todos lo creyeron, pero algunos sÃ. Con la ayuda de Galladon y un hombre llamado Karata, Raoden comenzó a reunir a los elantrinos que aún tenÃan voluntad. Restauraron partes de la ciudad, limpiaron espacios, encontraron formas de sobrevivir sin caer en la locura. Fue un pequeño respiro en un infierno interminable.
Pero la sombra de Shaor acechaba. Sus hombres atacaban sin piedad, robaban lo poco que tenÃan. Y fuera de Elantris, otro enemigo movÃa sus piezas. Hrathen, el sacerdote fjordell, habÃa llegado a Kae con un solo propósito: destruir el reino y convertirlo a su religión. Y su plan comenzaba con Elantris.
Una noche, mientras inspeccionaba los lÃmites de la ciudad, Raoden vio algo que lo dejó helado. En la distancia, más allá de las murallas ennegrecidas, Hrathen hablaba con un grupo de soldados. Y en su mirada, Raoden vio algo peor que el odio: vio certeza.
Elantris estaba condenada. Y el tiempo se acababa.
