Elantris
Elantris La tormenta llegó al amanecer. No fue de viento ni de lluvia, sino de fuego y acero.
Raoden despertó con los gritos. Los hombres de Shaor habían atacado antes, pero esto era distinto. La ferocidad con la que sus seguidores irrumpieron en su refugio no tenía precedente. Se movían como animales rabiosos, derribando puertas, clavando cuchillos en quienes no podían defenderse.
—¡Nos están masacrando! —gritó Karata, con la cara cubierta de sangre.
Raoden agarró un tablón roto y se lanzó al combate. Sus músculos gritaban, pero no podía detenerse. Golpeó a un atacante, luego a otro. A su lado, Galladon luchaba con la brutalidad de un hombre que ya no temía el dolor.
Pero en medio del caos, Raoden vio algo peor: soldados en las murallas. No eran de Shaor. Eran del exterior.
Hrathen había hecho su movimiento.
—¡Galladon! —gritó Raoden—. ¡Nos han vendido!
