Elantris
Elantris La traición se extendía en todas direcciones. Shaor había sido solo un peón en un plan mayor. Hrathen no solo quería destruir a los elantrinos; quería usarlos como ejemplo para quebrar la fe del reino. Si Kae veía a los dioses caídos consumidos por la barbarie, aceptarían su nueva religión sin resistencia.
Pero había algo más. Algo enterrado en la esencia misma de Elantris.
Raoden había pasado noches enteras estudiando los dibujos grabados en las paredes de la ciudad, intentando entender el antiguo poder que una vez hizo de Elantris un lugar divino. Ahora, en medio del fuego y la desesperación, la verdad le golpeó como un relámpago.
El problema no era la ciudad. Era el Reod. Algo había roto la magia. Algo que podía repararse.
Pero para hacerlo, primero debían sobrevivir.
—¡Aguanten! —rugió Raoden, con la espalda contra un muro—. ¡Luchamos hasta el final!
Y en los ojos de los elantrinos, vio algo que no había visto en mucho tiempo: esperanza.
Elantris ardía. Gritos, acero chocando, sombras moviéndose entre las ruinas. Raoden corría, el corazón retumbando en su pecho. Lo había descubierto. La clave. La ciudad no estaba muerta… solo estaba rota.
