Juramentada
Juramentada Kaladin, cabalgando los vientos, abandonaba Urithiru en una carrera desesperada. HabÃa visto lo que venÃa: pueblos arrasados, aldeas silenciosas donde los parshmenios, antes serviciales y mudos, despertaban con una furia ancestral. Cada pueblo desierto era una pregunta sin respuesta, cada sombra en el horizonte un recordatorio de que su hogar estaba en peligro.
—No somos sus dueños —murmuró mientras avanzaba entre los restos humeantes de una aldea—. Nunca lo fuimos.
Mientras tanto, en las profundidades de Urithiru, Shallan Davar se perdÃa entre corredores interminables y sus propias máscaras. La joven tejÃa ilusiones con facilidad, pero sus múltiples identidades comenzaban a resquebrajar su mente. En las piedras antiguas de la fortaleza, Shallan encontraba fragmentos de conocimiento olvidado... y presencias que acechaban en la oscuridad, susurrando verdades prohibidas.
Dalinar, el gran unificador, se debatÃa entre visiones. La tormenta lo llevaba, mostrándole ecos del pasado, escenas donde su mano, antaño gloriosa, estaba teñida de sangre. Su ideal de unidad comenzaba a agrietarse bajo el peso de antiguos pecados.
—Debo ser algo más —dijo, de pie sobre las almenas de Urithiru, con la tormenta eterna brillando en el horizonte—. Algo mejor que el hombre que fui.
