Palabras radiantes
Palabras radiantes Kaladin no respondió. No podía permitirse el lujo de creerlo, aunque su corazón le susurrara que ya no importaba. Había perdido todo: su hermano, su libertad, y quizás también su propósito.
A kilómetros de allí, en un salón iluminado por la luz tormentosa, Shallan Davar intentaba mantener la compostura. Las paredes del recinto brillaban con esferas llenas de luz, pero el resplandor no era suficiente para calentarla. La nobleza que la rodeaba, con sus sutiles insultos y risas escondidas tras copas de vino, era más fría que cualquier tormenta.
—Lady Shallan, ¿qué opináis de la herejía de Jasnah Kholin? —preguntó un hombre con voz aceitosa, sonriendo como un depredador.
Shallan se obligó a sonreír, aunque su mente estaba en otro lugar. Tenía una misión, un propósito claro: ganarse la confianza de Jasnah y desentrañar sus secretos. Lo necesitaba, más de lo que cualquiera podría imaginar. Su familia estaba al borde del colapso, y su única esperanza residía en las manos de esa mujer enigmática que muchos temían y despreciaban.
