Palabras radiantes
Palabras radiantes Mientras las tormentas fÃsicas sacudÃan el mundo, tormentas internas se gestaban en ambos protagonistas. Kaladin, vendido a un escuadrón suicida conocido como los Puentes, encontraba su voluntad aplastada por un sistema diseñado para deshumanizar. Shallan, por otro lado, luchaba con los secretos oscuros que ocultaba tras su fachada de obediente pupila.
En un momento de desesperación, Kaladin levantó la vista hacia el cielo, desafiando la tormenta que se aproximaba. La lluvia golpeaba su rostro como mil agujas, pero en ese caos, una chispa de determinación se encendió en su interior.
—No voy a morir aquà —susurró, con una fuerza que lo sorprendió a sà mismo.
En un salón de estudio repleto de libros antiguos y mapas, Jasnah observaba a Shallan con una mezcla de curiosidad y desconfianza.
—Crees que puedes engañarme, niña —dijo Jasnah, con voz frÃa como el mármol—. Pero te advierto, la verdad siempre encuentra una forma de salir a la luz.
Shallan apretó las manos bajo la mesa, sintiendo el peso de sus propios secretos.
—No busco engañarte, brillante Jasnah —respondió, obligándose a sonar sincera—. Solo quiero aprender.
