Steelheart
Steelheart —Todo el tiempo —respondió ella sin mirarlo, su voz cargada de cansancio—. Pero la duda no detiene las balas, asà que sigo adelante.
David asintió, procesando sus palabras. HabÃa algo en Megan, algo que no podÃa descifrar. Una barrera invisible que la hacÃa distante, casi frÃa, como si estuviera luchando contra sus propios demonios.
El golpe más audaz llegó una noche cuando Prof los llevó a un distrito comercial abandonado. En el centro habÃa una estatua masiva de Steelheart, su rostro tallado en acero, con la mirada fija hacia el cielo como un dios que desafiaba al universo. Prof señaló la estatua.
—Esto es lo que debemos destruir. No solo el metal. La idea de invencibilidad que representa.
David no pudo evitar sonreÃr mientras preparaban los explosivos. El simbolismo era perfecto. Cuando el sol comenzó a asomarse en el horizonte, la explosión destrozó la estatua, arrojando fragmentos por toda la ciudad. Era un desafÃo directo, una declaración de guerra. Ahora no habÃa vuelta atrás.
El efecto fue inmediato. Esa misma tarde, Nightwielder, el tenebroso Epic que controlaba las sombras, apareció en los cielos de Newcago, escoltado por drones y soldados. Su voz resonó en las calles vacÃas, una amenaza directa.