Secretos de familia
Secretos de familia Pero cuando la vuelve a ver, de camino a una cena familiar, sus palabras se evaporan. Ella también va vestida de gala y parece un sueño de azúcar. El ambiente se vuelve tenso, eléctrico. Se saludan con más cortesÃa que deseo, pero sus miradas dicen otra cosa.
Una noche, Chase termina yendo a su pastelerÃa, casi sin darse cuenta. La excusa es probar un pastel. La verdad, es que quiere verla. Hablarle. Entender por qué le despierta algo que ha estado dormido por años.
—¿Este es de chocolate belga? —pregunta, probando una trufa.
—Y con un toque de canela. Para sorprender —responde ella, sonriendo.
Las palabras se vuelven cómplices. El tono cambia. Chase siente que se le desmoronan las defensas. Pero también percibe algo más. Una sombra en los ojos de Jessica. Un silencio que no logra interpretar.
Mientras la relación crece entre cafés y dulces, Jessica sigue atrapada en su propio dilema: decirle que es una Graham o seguir escondiéndolo hasta que sea demasiado tarde.
Y el reloj corre.
Porque el deseo no espera. Y los secretos, tarde o temprano, explotan.