La Hermandad de Duna
La Hermandad de Duna Por último, en los confines del espacio, la Cofradía Espacial comienza a consolidar su poder gracias a los Navegantes. Estos mutantes deformados dependen de la especia melange para visualizar las rutas más seguras a través del hiperespacio. Josef Venport, director de VenHold Holdings, utiliza su monopolio de la especia para expandir su influencia. Sin embargo, esta dependencia de la melange es vista por los Butlerianos como una abominación, una señal de que la humanidad está cediendo nuevamente a la tentación tecnológica. —Sin nosotros, no hay comercio, no hay Imperio —declara Venport en una reunión con altos mandos del Landsraad—. Que los fanáticos griten todo lo que quieran. Mientras tengan que volar, tendrán que venir a nosotros.
En el horizonte, una tormenta comienza a formarse. El fervor religioso de los Butlerianos, la ambición de las escuelas emergentes y la codicia de los poderes establecidos chocarán en un conflicto inevitable. Las viejas heridas del Imperio todavía supuran, y el futuro está lejos de ser prometedor. “La paz”, como reflexiona Raquella una noche, mirando las estrellas desde su balcón en Rossak, “es solo la pausa antes del próximo caos”.
