Muchos cuerpos, una misma alma
Muchos cuerpos, una misma alma El tiempo, tal como lo percibimos, es una ilusión. En un nivel superior, todas las vidas ocurren simultáneamente. Lo que se conoce como pasado, presente y futuro coexiste en un eterno ahora. Y en ese flujo continuo, el alma viaja, adquiriendo sabidurÃa, acumulando experiencias y tejiendo su destino en la inmensidad de la existencia.
Las almas están conectadas. Aquellos con quienes compartimos esta vida han estado con nosotros en otras. Padres, hijos, amigos, amores… No son encuentros fortuitos, sino reencuentros. Nos encontramos una y otra vez, desempeñando distintos roles, aprendiendo unos de otros, completando aprendizajes pendientes.
En el umbral de la muerte, el alma se desprende del cuerpo y se eleva. En ese instante, comprende todo con absoluta claridad: lo que hizo bien, lo que pudo haber hecho mejor, las consecuencias de sus actos. Esa evaluación no es un juicio, sino una toma de conciencia. Desde ese punto, decide su próximo paso, su siguiente destino, el cuerpo al que regresará para seguir avanzando en su sendero de inmortalidad.
