Agnes Grey
Agnes Grey Por otra parte, mis nuevos alumnos, siendo mayores, serÃan más razonables y receptivos para el estudio; no tendrÃa que confinarlos en la clase tanto tiempo, ni someterlos a la extrema vigilancia que habÃa necesitado con los anteriores. Mis esperanzas se mezclaban con brillantes visiones, con las cuales las meras tareas de una institutriz poco o nada tenÃan que ver.
El lector se dará fácilmente cuenta de que no era mi intención pasar por una mártir del amor filial, dispuesta a sacrificar su paz y su libertad con el solo fin de amasar dinero para ayudar a sus padres. Y, aunque es cierto que el bienestar de mi padre y la idea de poder ayudar a mi madre en el futuro influyeron en gran medida en mis cálculos, cincuenta libras no era una cantidad en absoluto desdeñable.
NecesitarÃa vestidos decentes dada mi nueva situación; deberÃa costearme el lavado de mi ropa y también los cuatro viajes anuales entre Horton Lodge y mi casa; pero si vigilaba mi economÃa, con veinte libras o un poco más cubrirÃa estos gastos y podrÃa guardar unas treinta, algo menos quizá, en el banco. ¡Una suma tan importante para la economÃa familiar!
¡Pasara lo que pasase tenÃa que luchar con todas mis fuerzas por mantener ese empleo, tanto por hacer honor a mi familia como por los beneficios que mi permanencia allà le reportarÃa!