Agnes Grey
Agnes Grey Me preguntó entonces si quería tomar té o café. Estaba a punto de contestar que no, cuando recordé que no había tomado nada desde las siete de la mañana y, sintiendo en consecuencia cierta debilidad, dije que tomaría una taza de té. Tras decir que se lo comunicaría a «Brown», la joven se marchó.
Acababa de quitarme la capa mojada, el chal, el sombrero y demás prendas cuando una joven de afectados modales vino a decirme que las señoritas querían saber si tomaría el té en mi habitación o en el cuarto de estudios. Alegando que estaba cansada, decidí tomarlo allí. La joven se retiró y poco después regresó con un servicio de té que dejó sobre una cómoda que hacía las veces de tocador. Tras darle las gracias educadamente, le pregunté a qué hora debía levantarme por la mañana.
—Las señoritas y los caballeros desayunan a las ocho y media —me dijo—. Se levantan temprano, pero nunca toman una lección antes del desayuno. Creo que será suficiente con que se levante a las siete.