Agnes Grey
Agnes Grey y arboledas vencidas por su enorme carga.
Bajé al cuarto de estudios, sin demasiado deseo de encontrarme con mis alumnos, aunque sentía cierta curiosidad por saber qué podía esperar de nuestra futura relación. Entre otras cosas de mayor importancia, decidí comenzar por dirigirme a ellos como señorito y señorita. Esto me había parecido una formalidad fría y antinatural entre los niños de una casa y su institutriz y compañera de todos los días, en especial siendo éstos pequeños, como en el caso de la mansión de Wellwood; pero incluso allí habían creído una libertad ofensiva que llamara a los pequeños Bloomfield por sus nombres de pila, como sus padres se cuidaron de hacerme notar, recalcando «señorito» y «señorita» en referencia a ellos cuando se dirigían a mí. Entonces tardé mucho tiempo en entender la indirecta, porque el asunto me parecía completamente absurdo; esta vez, decidí actuar con más prudencia y conducirme con mayor ceremonia de la que ningún miembro de la familia pudiera esperar. Siendo mis alumnos mayores, me resultaría menos difícil, aunque estos «señorita» y «señorito» tuviesen el efecto de reprimir todo tono familiar y sincero, y extinguiese el menor destello de cordialidad que pudiera brotar entre nosotros.