Agnes Grey
Agnes Grey La señorita Matilda Murray era una verdadera pieza…, poco más se puede añadir. TenÃa unos dos años y medio menos que su hermana; sus rasgos eran más acusados que los de ésta y su cutis mucho más moreno. Con el tiempo tal vez podrÃa convertirse en una mujer bella, pero era demasiado huesuda y torpona para llamarla bonita; cosa que, por otra parte y en aquel tiempo, a ella le importaba bien poco. Rosalie era consciente de todos sus encantos, los cuales, incluso de haber sido tres veces más valiosos de lo que en realidad eran, tenÃa en más de lo que merecÃan; en cambio, Matilda, satisfecha de los suyos, se preocupaba poco del asunto; aunque menos aún se preocupaba de cultivar su espÃritu o de adquirir esas cualidades que podÃan adornarla. La forma en que estudiaba sus lecciones y practicaba el piano parecÃa calculada para desesperar a cualquier institutriz. Por breves y fáciles que fuesen sus deberes, y si llegaba a terminarlos, resolvÃa las cosas de cualquier manera y con una absoluta falta de interés, casi siempre del modo menos beneficioso para ella y menos satisfactorio para mÃ. La media hora escasa dedicada a la clase de música era un auténtico martirio, en el cual me maltrataba sin descanso, acusándome de interrumpirla con mis correcciones, de no rectificar sus errores antes de que los hubiese cometido o de cualquier otra cosa igualmente absurda.