Agnes Grey
Agnes Grey Si tuviera que describir el horario y las disposiciones de cada día, no sabría cómo empezar. Comía en el cuarto de estudios con mis alumnos, a la hora en que a éstos les parecía bien. Unas veces, mandaban traer la cena antes de que estuviese preparada; otras, la dejaban sobre la mesa más de una hora para luego rechazarla porque las patatas estaban frías o la grasa de la salsa se había espesado. Unas veces, ordenaban el té a las cuatro; otras, se ponían furiosos con los criados por no servírselo a las cinco en punto, y cuando las órdenes se cumplían escrupulosamente, con el objeto de estimular el sentido de la puntualidad, lo dejaban sin tocar sobre la mesa hasta las siete o las ocho.