Agnes Grey
Agnes Grey —¡OlvÃdese de su familia! ¡DÃgales que no la dejamos ir!
—Pero es que soy yo la que quiere ir. Tengo tantas ganas de verles como ellos a mÃ, quizá más.
—Bueno, pero es tan poco tiempo…
—Casi dos semanas, según mis cálculos. Y, además, no puedo soportar la idea de pasar una Navidad fuera de casa. Y, por si fuera poco, mi hermana va a casarse.
—¡Ah! ¿S� ¿Cuándo?
—No hasta el mes que viene, pero quiero estar allà para ayudarla con los preparativos de la boda y estar con ella todo el tiempo posible, mientras aún la tenemos entre nosotros.
—¿Por qué no me lo dijo antes?
—Acabo de leer la noticia en esta carta que usted tachó de aburrida y estúpida y no me ha dejado terminar.
—¿Con quién se casa?
—Con el señor Richardson, el vicario de una parroquia de nuestra vecindad.
—¿Es rico?
—No, pero vive holgadamente.
—¿Es guapo?
—No, de aspecto corriente.
—¿Joven?
—No, de mediana edad.