Agnes Grey
Agnes Grey —¡Dios mÃo! ¡Vaya infeliz! ¿Y en qué clase de casa vive?
—En una vicarÃa pequeña y tranquila, con un porche cubierto de hiedra, un jardÃn de estilo antiguo y…
—¡Pare, pare o me pondré enferma! ¿Cómo puede su hermana soportarlo?
—Creo que no solo puede soportarlo, sino que es muy feliz. No me ha preguntado usted si el señor Richardson es un hombre bueno, sensato y cariñoso; le hubiese contestado que sà a todas esas preguntas. Al menos ésa es la opinión de Mary, y espero que no esté equivocada.
—Pero… ¡pobre criatura! ¿Cómo puede su hermana pensar en pasar allà toda su vida, al lado de «una pasa», sin esperanzas de cambiar de posición?
—No es viejo. Solo tiene treinta y seis o treinta y siete años, y ella tiene veintiocho, y es tan juiciosa como si tuviera cincuenta.
—¡Ah, bueno! Entonces no está tan mal… Harán una buena pareja. Pero ¿le llaman «el honorable vicario»?
—No lo sé, pero si lo hacen, creo que merece el calificativo.
—¡Dios mÃo! ¡Qué espanto! Y su hermana, ¿llevará un delantal blanco y hará tartas y pasteles?