Agnes Grey
Agnes Grey —Buenas tardes, señor Weston… Pero, por favor, no confÃe en que pueda hacer algo para reconciliarle con el señor Murray, porque no le veo nunca, ni tengo ocasión de hablar con él.
—¿No? Entonces, no se puede hacer nada —contestó con una expresión de dolorosa resignación.
Aunque, a continuación, con una medio sonrisa muy peculiar, añadió:
—Bueno, no importa. Pensándolo bien, creo que este caballero tiene más motivos para disculparse conmigo que yo con él.
Y después de decir esto, salió de la casa.
Proseguà con mi labor mientras tuve luz suficiente y me despedà de Nancy, no sin antes acallar sus repetidas expresiones de gratitud, alegando que, de haber estado en mi lugar, ella habrÃa hecho lo mismo por mÃ. Después, me apresuré a regresar a Horton Lodge.
Cuando entré en el cuarto de estudios, encontré la mesa del té en completo desorden, la bandeja inundada y a la señorita Matilda de un humor de perros.
—Señorita Grey, ¿se puede saber dónde se habÃa metido? Hace media hora que he tomado el té, me lo tuve que hacer yo misma y tomarlo sola… ¿Por qué ha tardado tanto?
—He ido a ver a Nancy Brown. Pensé que vendrÃa usted más tarde de su paseo.