Agnes Grey
Agnes Grey —¡Me gustarÃa saber qué clase de paseo iba a dar bajo la lluvia! Justo se pone a llover cuando estoy en lo mejor y, por si el maldito chaparrón no era bastante, vuelvo a casa y me encuentro con que no tengo a nadie con quien tomar el té. Y usted sabe muy bien que no sé preparar el té como a mà me gusta.
—No se me ocurrió pensar en ello —repliqué yo.
Y la verdad es que la idea de que la lluvia la hubiera hecho regresar a casa no me pasó en ningún momento por la cabeza.
—¡Cómo se le iba a ocurrir, estando a cubierto! ¡Qué le iba a importar a usted lo que les sucediera a los demás!
Soporté sus duros reproches con increÃble serenidad y hasta con buen humor, segura como estaba de que el bien que le habÃa hecho a Nancy Brown no era comparable a mi posible falta de atención hacia ella. Quizá otros pensamientos me ayudaron también a mantener la calma, llegando a encontrar algo agradable en una taza de té frÃo, y…, hasta me atreverÃa a decir, en la cara de pocos amigos de la señorita Matilda; aunque ésta tardó muy poco tiempo en dejarme para irse a los establos, y me quedé sola, disfrutando en tranquilo silencio de mi solitaria cena.