Agnes Grey
Agnes Grey Le di las gracias, no sé si con calor o con frialdad; lo que sà sé es que no fui capaz de expresar ni la mitad del agradecimiento que sentÃa. Tal vez mi agradecimiento fuera un poco desmesurado, pero en aquel momento me pareció que el gesto era la expresión de una voluntad y una bondad a las que no podrÃa corresponder ni olvidar jamás. ¡Estaba tan poco acostumbrada a recibir tales muestras de cortesÃa o preparada para esperarlas de alguien en cincuenta millas a la redonda de Honton Lodge!
Aun asÃ, mi gratitud no impidió que me sintiera un poco incómoda en su presencia y me dispuse a seguir a mis alumnas a un paso mucho más rápido que antes; aunque, tal vez, si el señor Weston se hubiera dado cuenta de mi estado y me hubiera dejado ir sin cruzar otra palabra, me habrÃa arrepentido media hora más tarde. Pero no lo hizo. Lo que era una marcha rápida para mà no era sino un paso normal para él.
—Sus alumnas la han dejado sola —dijo.
—SÃ, esa compañÃa les resulta más agradable que la mÃa.
—Si es asÃ, no deberÃa molestarse en alcanzarlas.