Agnes Grey
Agnes Grey Instintivamente nos sentimos inclinados a amar lo que nos proporciona placer, y ¿qué mayor placer que el de una cara bonita, al menos cuando no sabemos nada del daño que quien la posee puede hacernos?
Una niña ama a su pajarito… ¿Por qué? Porque vive y siente; porque no puede defenderse, ni puede causar daño. Sin embargo, un sapo vive y siente, tampoco puede defenderse, ni causar daño; y aunque la niña nunca haría daño al sapo, no puede amarle como ama a su pajarito… tan bonito, de plumas tan suaves y ojos brillantes y habladores.
Si una mujer es bella y amable, es elogiada por ambas cualidades, pero especialmente por la primera; si, por el contrario, es desagradable de rostro y de carácter, su fealdad se considerará como un crimen, porque para el observador común ésta es una grave ofensa; mientras que si es de aspecto vulgar y de buen corazón, siempre y cuando lleve una vida retirada, nadie, salvo los que la tratan íntimamente, parece advertir su bondad. Otros, en cambio, se inclinarán a formarse una opinión desfavorable sobre su inteligencia y su carácter, aunque solo sea para excusarse a sí mismos por la instintiva repulsión que sienten ante una persona tan poco favorecida por la naturaleza; mientras que sucede lo contrario cuando el exterior angelical oculta un corazón perverso o proyecta una suerte de hechizo engañoso sobre defectos y flaquezas que en otra no se tolerarían.