Agnes Grey

Agnes Grey

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Regresé caminando a casa con la señorita Matilda, pero él no nos acompañó. Matilda acusaba mucho la falta de diversión y se sentía muy necesitada de compañía. Sus hermanos estaban en el colegio, su hermana se había casado y estaba de viaje, y ella era demasiado joven para ser admitida en sociedad, a la cual, siguiendo el ejemplo de Rosalie, comenzaba a aficionarse… o, al menos, a la compañía de cierta clase de caballeros. Por otra parte, la veda de caza hacía que ésta fuera la época más aburrida del año; pues, aunque ella no tenía permiso para salir con los cazadores, se divertía viendo a su padre o a los monteros salir con los perros y charlando con ellos a su regreso sobre las piezas cobradas.

Además, ahora se le negaba la compañía que en otro tiempo había encontrado en el cochero, en el mozo de cuadra o en los caballos; ya que su madre, después de haber colocado tan satisfactoriamente a su hija mayor y orgullo de su corazón, a pesar de los inconvenientes de la vida en el campo, concentró toda su atención en la menor, y, alarmada por la grosería de sus modales, y pensando que había llegado el momento de reformarla, se dispuso por fin a ejercer toda su autoridad y prohibió por completo todo contacto con patios, perreras, establos y cocheras.



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