Agnes Grey
Agnes Grey Naturalmente, la hija se negó a obedecer las nuevas órdenes; pero, si hasta entonces había sido indulgente, una vez provocado, el carácter de la madre no era tan fácil de doblegar como el de la institutriz, y la hija no podía pasarlo por alto con impunidad.
Después de múltiples discusiones entre madre e hija, de violentas escenas que me avergonzaba presenciar, en las que a menudo se recurría a la autoridad paterna para confirmar, con juramentos y amenazas, las prohibiciones de la madre —pues hasta él se daba cuenta de que «su Matilda» podía haber sido un chico del que sentirse orgulloso, pero no se comportaba como la señorita que en realidad era—, Matilda se convenció de que lo mejor que podía hacer era mantenerse alejada de los lugares prohibidos, aunque de vez en cuando iba allí furtivamente, sin que su madre se enterara.