Agnes Grey
Agnes Grey No recuerdo si le gustan los niños. Si le gustan, le encantará ver a mi hija… la niña más deliciosa del mundo. Y lo mejor es que no tengo que cuidarla. Fue una cosa que dejé muy clara desde el principio. Desgraciadamente es una niña y sir Thomas no me lo ha perdonado. Pero si viene, le prometo que será usted su institutriz tan pronto como pueda hablar, y que podrá educarla como debe hacerse; lo que hará de ella una mujer mejor que su madre. Y podrá ver a mi perrito de lanas, un precioso ejemplar importado de ParÃs; y dos cuadros italianos de gran valor… no me acuerdo del nombre de su autor, aunque estoy segura de que usted encontrará en ellos una gran belleza, que, por otra parte, deberá mostrarme, porque yo solo los admiro por lo que me han dicho… También podrá ver muchas cosas elegantes y raras que compré en Roma y en otros lugares. Y verá mi nueva casa, la espléndida casa y los jardines que tanto deseé.
¡Ay, de qué forma un sueño es mucho más placentero que su cumplimiento! ¡Vaya expresión que me ha salido! Le aseguro que me estoy convirtiendo en una señorona muy seria. Le ruego que venga, aunque solo sea para comprobar este maravilloso cambio.
EscrÃbame a vuelta de correo y dÃgame cuándo comienzan sus vacaciones. DÃgame también que vendrá al dÃa siguiente y que se quedará hasta que terminen. Hágalo por el bien de su amiga.
Rosalie Ashby