Agnes Grey
Agnes Grey Creo, sin embargo, que mi consejo tuvo muy poco efecto en la infortunada joven; y, dándome cuenta del poco servicio que podía hacerle, mi estancia en Ashby Park se hizo doblemente dolorosa para mí. A pesar de todo, debía permanecer allí aquel día y el siguiente, como le había prometido; y aunque tuve que resistirme a sus ruegos para que prolongara mi visita, insistí en marcharme a la mañana siguiente, alegando que mi madre se sentiría muy sola sin mí y que esperaba impaciente mi regreso.
No obstante, no fue sino con una pena profunda como me despedí de la pobre lady Ashby y la dejé en su casa principesca. Una prueba más, y no pequeña, de su desgracia era que se aferrara al consuelo de mi presencia, y que buscara con tanta ansiedad la compañía de alguien con cuyos gustos e ideas congeniaba tan poco, alguien de quien había prescindido por completo en sus horas de prosperidad y cuya presencia, de poder ver cumplidos la mitad de sus deseos, debería ser más un fastidio que un placer.