Agnes Grey
Agnes Grey —Bien puede decirlo —era la respuesta—. También yo lo he pensado. Creà que mejorarÃan con la presencia de una institutriz, pero van de mal en peor. No sé cómo será con sus estudios; pero, por lo que respecta a sus hábitos, éstos no mejoran en absoluto. Están cada dÃa más groseros, más sucios e indecorosos.
Yo sabÃa que todo esto iba dirigido a mÃ, y estas y otras indirectas me afectaban más profundamente que cualquier acusación abierta, porque entonces podrÃa haber hablado en mi defensa. Pero, en aquellas circunstancias, me pareció más prudente reprimir cualquier impulso de resentimiento, evitar toda susceptibilidad y continuar con perseverancia haciendo mi trabajo lo mejor posible; pues, a pesar de lo difÃcil de mi situación, deseaba ardientemente conservar mi empleo. Pensaba que, si continuaba luchando con firmeza e integridad infatigables, los niños terminarÃan por humanizarse: con el paso de los meses se harÃan un poco más sensatos y, en consecuencia, más sumisos, pues un niño de nueve o diez años tan frenético e indomable como éstos con seis y siete serÃa un manÃaco.