La inquilina de Wildfell Hall
La inquilina de Wildfell Hall UN CONTRATIEMPO
10 de enero de 1827. — Ayer por la noche escribía lo anterior sentada en el salón. El señor Huntingdon estaba presente, pero, eso creí, dormía en el sofá detrás de mí. Sin embargo, se había levantado sin que yo me diera cuenta, llevado por una curiosidad ruin, y había estado mirando por encima de mi hombro durante no sé cuánto tiempo; porque cuando dejé la pluma sobre la mesa y estaba a punto de cerrar el cuaderno, puso inesperadamente su mano sobre él y diciendo: «Con tu permiso, voy a echar una ojeada a esto, querida», me lo quitó con violencia, y, acercando una silla a la mesa, se sentó tranquilamente a examinarlo. Pasó hoja tras hoja buscando una explicación de lo que había leído. Desgraciadamente para mí, estaba más sereno aquella noche de lo que suele estarlo a esa hora.
