El profesor
El profesor Rechacé tanto la Iglesia como el matrimonio; un buen clérigo es una buena cosa, pero yo habría sido malísimo; en cuanto a la esposa, ¡oh, la idea de unirme de por vida a una de mis primas es como una pesadilla! Sin duda son todas bonitas y poseen grandes cualidades, pero ninguna que haga vibrar una sola fibra en mi pecho. La idea de pasar las noches de invierno al amor de la lumbre de la salita de la rectoría de Seacombe, solo, con una de ellas, por ejemplo la estatua grande y bien moldeada que es Sarah… No, en tales circunstancias sería un mal marido, igual que un mal clérigo.
