Shirley
Shirley «No es insulsa, no es superficial —se dijo Martin—. Será interesante observar cómo se desenvuelve sin ayuda. Aunque la tormenta no fuera de nieve, sino de fuego, como el que cayó para arrasar las ciudades de la llanura[173], ella la arrostrarÃa con tal de conseguir hablar cinco minutos con ese Moore. Bueno, creo que he disfrutado de una mañana placentera: las decepciones han servido para pasar el tiempo; los miedos y arrebatos de ira han hecho que esta corta conversación haya sido más agradable cuando se ha producido al fin. Ella esperaba convencerme en seguida. No lo va a conseguir a la primera; tendrá que venir una y otra y otra vez. Me gustarÃa enfurecerla, hacerla llorar; quiero descubrir hasta dónde estarÃa dispuesta a llegar, qué se atreverÃa a hacer, para imponer su voluntad. Me parece extraño y novedoso encontrar a un ser humano que piensa tanto en otro como ella piensa en Moore. Pero es hora de volver a casa; mi apetito me lo dice. ¿Voy yo a renunciar al ganso? Y veremos si hoy es Matthew o soy yo quien se lleva la tajada más grande del pastel de manzana».