Shirley
Shirley El gabinete revestido de madera estaba amueblado al estilo antiguo con muebles auténticos. A ambos lados de la alta chimenea había sendas sillas antiguas de roble, sólidas como tronos rústicos, y en una de ellas estaba sentada una señora. Pero si aquélla era la señorita Keeldar, debía de haber alcanzado la mayoría de edad veinte años atrás, al menos: tenía figura de matrona y, aunque no llevaba cofia y sus cabellos castaños no habían perdido el brillo y rodeaban un rostro de facciones juveniles por naturaleza, no tenía un aspecto juvenil, ni por lo visto el deseo de aparentarlo. Su atuendo debería haber estado de acuerdo con una moda más reciente: con un vestido bien cortado y bien confeccionado, su presencia no hubiera carecido de gracia. Imposible adivinar por qué una prenda de buen paño había de tener tan pocos pliegues y seguir una moda tan anticuada: al verla, inmediatamente uno se sentía inclinado a considerar algo excéntrica a quien la llevaba.