Shirley
Shirley PENTECOSTÉS
El fondo prosperó. Con la fuerza del ejemplo de la señorita Keeldar, los enérgicos esfuerzos de los tres rectores y la eficiente aunque silenciosa ayuda de sus lugartenientes, las dos solteronas con lentes, Mary Ann Ainley y Margaret Hall, se reunió una suma considerable, la cual, juiciosamente administrada, sirvió para paliar momentáneamente buena parte de las penurias de los pobres desempleados. Los nervios parecieron tranquilizarse: durante una quincena no se destruyeron paños, ni se cometieron atentados contra fábricas ni mansiones en la tres parroquias. Shirley se sintió optimista, pensando que se habían librado del mal que deseaba evitar, que la tormenta que pendía sobre sus cabezas pasaba de largo; con la proximidad del verano creyó sin duda que el comercio mejoraría, como era habitual, y que aquella enojosa guerra no duraría para siempre; la paz habría de regresar un día. Con la paz, ¡qué impulso se daría al comercio!
