Shirley
Shirley SE RECOMIENDA AL AMABLE LECTOR
QUE PASE AL SIGUIENTE, PUES SE INTRODUCEN EN
ÉSTE PERSONAS DE BAJA CONDICIÓN
La tarde era cálida y sosegada, prometĂa incluso volverse bochornosa. En torno al sol poniente, las nubes despedĂan un resplandor pĂşrpura; tintes estivales, más propios de la India que de Inglaterra, se extendĂan a lo largo del horizonte, y arrojaban sus reflejos rosados sobre la ladera de la colina, la fachada de la casa, el tronco de los árboles, sobre el camino sinuoso y la ondulante hierba de los pastos. Las dos jĂłvenes bajaron de los campos lentamente; cuando llegaron al cementerio, las campanas habĂan dejado de sonar, las multitudes se agolpaban en el interior de la iglesia; el paisaje se habĂa vuelto solitario.
—¡Qué agradable es esta tranquilidad! —dijo Caroline.
—¡Y quĂ© calor hará en la iglesia! —replicĂł Shirley—. ¡Y quĂ© sermĂłn más largo y aburrido dará el doctor Boultby! ¡Y los coadjutores repetirán machaconamente sus oraciones preparadas de antemano! Yo preferirĂa no entrar.
—Pero se enfadará mi tĂo, si se da cuenta de nuestra ausencia.
—Yo aguantaré todo el peso de su ira; a mà no me devorará.
