Shirley

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CAPĂŤTULO XVIII

SE RECOMIENDA AL AMABLE LECTOR

QUE PASE AL SIGUIENTE, PUES SE INTRODUCEN EN

ÉSTE PERSONAS DE BAJA CONDICIÓN

La tarde era cálida y sosegada, prometía incluso volverse bochornosa. En torno al sol poniente, las nubes despedían un resplandor púrpura; tintes estivales, más propios de la India que de Inglaterra, se extendían a lo largo del horizonte, y arrojaban sus reflejos rosados sobre la ladera de la colina, la fachada de la casa, el tronco de los árboles, sobre el camino sinuoso y la ondulante hierba de los pastos. Las dos jóvenes bajaron de los campos lentamente; cuando llegaron al cementerio, las campanas habían dejado de sonar, las multitudes se agolpaban en el interior de la iglesia; el paisaje se había vuelto solitario.

—¡Qué agradable es esta tranquilidad! —dijo Caroline.

—¡Y qué calor hará en la iglesia! —replicó Shirley—. ¡Y qué sermón más largo y aburrido dará el doctor Boultby! ¡Y los coadjutores repetirán machaconamente sus oraciones preparadas de antemano! Yo preferiría no entrar.

—Pero se enfadará mi tío, si se da cuenta de nuestra ausencia.

—Yo aguantaré todo el peso de su ira; a mí no me devorará.


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