Shirley
Shirley —He visto que no era Robert cuando te he dejado marchar. ¿Cómo has podido creerlo? Era la figura menuda y desastrada de un soldado raso, que han apostado como centinela. Ahora está a salvo en la fábrica, he visto que le abrÃan la puerta para que entrara. Estoy más tranquila; Robert estaba prevenido: nuestro aviso habrÃa sido superfluo, y ahora doy gracias por haber llegado demasiado tarde para darlo: nos hemos ahorrado una escena. ¡Qué agradable entrar en la oficina de contabilidad toute éperdue[111] y encontrarse en presencia de los señores Armitage y Ramsden fumando, de Malone fanfarroneando, de tu tÃo sonriendo socarronamente, del señor Sykes bebiendo licor, y de Moore en su vena de frÃo hombre de negocios!; me alegro de habérmelo perdido.
—¿Crees que hay mucha gente en la fábrica, Shirley?
—Suficientes para defenderla. Los soldados que hemos visto dos veces hoy venÃan aquÃ, sin duda, y el grupo que vimos rodeando a tu primo en los campos estará ahora con él.
—¿Qué hacen ahora, Shirley? ¿Qué es ese ruido?
—Hachas y palancas intentando abrir la verja del patio; la están forzando. ¿Tienes miedo?
—No, pero el corazón me late muy deprisa; me cuesta mantenerme en pie. Me sentaré. ¿A ti no te afecta todo esto?