Shirley
Shirley EL SEÑOR YORKE
La alegría, al parecer, es algo que depende tanto del estado de cosas interior como del estado de cosas externo y del que nos rodea. Hago este comentario trillado porque da la casualidad de que sé que los señores Helstone y Moore salieron al trote por la verja del patio de la fábrica, al frente de su escueto grupo, con el mejor de los ánimos. Cuando el haz luminoso de una lámpara (los tres del grupo que marchaban a pie llevaban una cada uno) cayó sobre el rostro del señor Moore, pudo verse una chispa en sus ojos, insólita por lo vivaz, y una nueva animación que encendía su morena fisonomía; y cuando la luz iluminó la faz del rector, se pusieron al descubierto sus duras facciones, sonrientes y radiantes de júbilo. Sin embargo, diríase que una noche de llovizna y una expedición un tanto peligrosa no son las mejores circunstancias para animar a los que deben exponerse a la lluvia para embarcarse en la aventura. Si algún miembro o miembros del grupo que había actuado en el páramo de Stilbro le hubieran echado el ojo a aquel grupo, habrían sentido un gran placer en disparar a cualquiera de los dos cabecillas desde detrás de un muro, y los cabecillas lo sabían; lo cierto es que, teniendo ambos nervios de acero y corazón tenaz, los regocijaba saberlo.
