Shirley

Shirley

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO XXVI

VIEJOS CUADERNOS DE EJERCICIOS

Cuando el grupo de Fieldhead regresó a Briarfield, Caroline estaba casi restablecida. La señorita Keeldar, que había recibido por correo noticias de la convalecencia de su amiga, no dejó pasar ni una hora entre su llegada a casa y su primera visita a la rectoría.

Caía una lluvia fina, pero pertinaz, sobre las flores tardías y los rojizos arbustos otoñales cuando se oyó el portillo del jardín y la figura familiar de Shirley pasó junto a la ventana. Cuando entró en la casa, expresó sus sentimientos a su propia y peculiar manera. Shirley no era locuaz cuando estaba realmente conmovida por profundos recelos o alegrías. Raras veces permitía que una fuerte emoción influyera en su forma de hablar, e incluso sus ojos la rehuían más que una conquista furtiva y caprichosa. Shirley abrazó a Caroline, la miró, la besó, y luego dijo:

—Estás mejor. —Y un minuto después—: Ya veo que ahora estás fuera de peligro, pero cuídate. ¡Dios quiera que tu salud no tenga que sufrir nuevas conmociones!

Procedió entonces a explayarse sobre su viaje. Durante su vivaracho discurso, sus ojos no se apartaron de Caroline: en su brillo se leía un sincero cuidado, inquietud, y cierto asombro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker