Villette
Villette Los extranjeros dicen que sólo a las jóvenes inglesas se les permite viajar solas y es grande su asombro ante la temeraria confianza de sus padres y tutores. En cuando a las jeunes Miss, mientras unos juzgan su intrepidez inconvenant y masculina, otros las consideran vÃctimas pasivas de un sistema educativo que prescinde sin ningún miramiento de la debida surveillance[11]. No sé si aquella señorita en particular era de las que se pueden dejar tranquilamente sin vigilancia: o, mejor dicho, no lo sabÃa entonces; pero muy pronto se hizo evidente que la digna soledad no era de su gusto. Recorrió un par de veces la cubierta de un extremo a otro; miró con cierto aire avinagrado de desdén la exhibición de sedas y terciopelos, y a los dos osos que los rondaban, y finalmente se acercó a mÃ.
—¿Le gusta a usted viajar por mar? —inquirió.
Le expliqué que era algo que debÃa ponerse aún a prueba, pues aquélla era mi primera travesÃa.
—¡Oh, qué encantador! —exclamó—. Le envidio la novedad; las primeras impresiones son tan agradables… Yo he hecho tantos viajes que casi he olvidado el primero. Estoy blasée[12] del mar y todo eso.
Sonreà sin poder contenerme.
—¿Por qué se rÃe de mÃ? —preguntó con una sincera irritación que me complació más que el resto de su charla.