Villette
Villette Una vez arreglada, madame Beck parecía una mujer más bien baja y robusta, aunque no carecía de gracia a su manera, es decir, la gracia que se deriva de estar bien proporcionada. Su tez era lozana y algo rubicunda; sus ojos, azules y serenos; su oscuro vestido de seda le sentaba como sólo una costurera francesa puede hacer que siente un vestido; causaba buena impresión, aunque su aspecto era algo aburguesado, ya que burguesa era, en efecto. Había un no sé qué armonioso en ella; sin embargo, su rostro estaba lleno de contrastes, pues las facciones no eran las que suelen acompañar a un cutis donde se combinan serenidad y lozanía: tenía un perfil severo y una frente alta y estrecha, que expresaba inteligencia y cierta bondad, pero no amplitud de miras; y sus ojos tranquilos, aunque vigilantes, tampoco parecían conocer el fuego que arde en los corazones, ni la dulzura que emana de ellos. La boca era dura, de expresión adusta y labios finos. En cuanto a genio y sensibilidad, con toda la temeridad y ternura que conllevan, tenía la sensación de que madame Beck era una especie de rey Minos[32] con faldas.