Villette
Villette —¿Quiere salir? Voy a cerrar la puerta… Ginevra, es posible que la gente le diga que está muy hermosa con ese vestido de noche, pero para mà nunca estará más bonita que el dÃa en que la conocÃ, con aquel traje de algodón a cuadros y aquel sencillo sombrero de paja.
—No todo el mundo tiene un gusto tan puritano como el suyo —respondió enojada—. Además, no creo que tenga derecho a sermonearme.
—¡Ya lo sé! Pero tampoco lo tiene usted para entrar revoloteando en mi dormitorio… como un arrendajo con plumas prestadas. No siento el menor respeto por sus plumas, señorita Fanshawe; especialmente por esos ocelos de pavo real que usted llama parure: objetos muy hermosos si los hubiera comprado con su dinero, de haberlo tenido, pero sin ninguna belleza en las circunstancias actuales.
—¡On est là pour Mademoiselle Fanshawe[57]! —anunció la portera, y Ginevra se marchó corriendo.
El pequeño misterio de la parure no se resolvió hasta dos o tres dÃas después, cuando la joven vino a verme para contármelo todo.
—No tiene por qué estar enfadada conmigo —empezó a decir—, convencida de que estoy llenando de deudas a papá o a monsieur de Bassompierre. Le aseguro que todo está pagado, excepto los pocos vestidos que he comprado últimamente. Lo demás está en orden.