Villette
Villette Entonces pidió un vaso de eau sucrée[70], le dio unas cucharaditas a Fifine (que era increÃblemente golosa; cualquiera podÃa conquistar su corazón a través del paladar), le prometió darle más cuando terminara la cura y, rápidamente, empezó su trabajo. Como necesitaba ayuda, se la pidió a la cocinera, una mujer corpulenta y de fuertes brazos, pero tanto ella como la portera y la niñera parecieron esfumarse. Yo no sentÃa el menor deseo de tocar aquel pequeño y descoyuntado miembro, pero, pensando que no habÃa alternativa, extendà una mano para hacer lo que fuera preciso. Alguien se me adelantó: madame Beck habÃa alargado la mano; la suya era firme mientras que la mÃa temblaba.
—Ça vaudra mieux[71] —dijo el médico, volviéndose hacia ella.
Su decisión fue de lo más acertada. Mi estoicismo habrÃa sido fingido, mi fortaleza falsa. Los de ella no eran falsos ni fingidos.
—Merci, madame: très bien, fort bien! —exclamó al terminar—. Voilà un sang-froid bien opportun, et qui vaut mille élans de sensibilité déplacée[72].