Villette
Villette Supongo que ninguna de nosotras (al hablar de nosotras me refiero a la bonne, la cocinera, la portera y yo misma, reunidas en el pequeño y caluroso dormitorio) miró con demasiada atención al médico cuando entró. Al menos yo estaba intentando calmar a Fifine, cuyos gritos (tenÃa unos buenos pulmones) eran terribles. Éstos redoblaron su intensidad cuando el desconocido se acercó a la cama.
—¡Déjeme en paz! —exclamó con vehemencia la pequeña en su imperfecto inglés (las tres niñas hablaban ese idioma) cuando él la cogió en brazos—. No le quiero a usted: ¡quiero al doctor Pillule[69]!
—El doctor Pillule es muy amigo mÃo —respondió el médico en perfecto inglés—; pero está ocupado a tres leguas de aquÃ, y yo vengo en su lugar. Asà que, cuando nos tranquilicemos un poco, nos pondremos manos a la obra; y en seguida tendremos ese pobre bracito vendado y en su sitio.