Villette
Villette Debe admitirse que las apariencias no desmentían del todo aquella idea; madame parecía tan inclinada a conservar sus servicios, había olvidado de tal modo a su anterior protégé, Pillule… Se preocupaba tanto, además, por recibirlo personalmente, y se mostraba siempre tan jovial, alegre y benévola con él… Por otra parte, en aquella época concedía especial atención a su vestimenta: abandonó su déshabillé matinal, el gorro de dormir y el chal; las tempranas visitas del doctor John la encontraban con sus cabellos color caoba hermosamente trenzados, con un elegante vestido de seda y unos preciosos brodequins[77] en lugar de zapatillas: en pocas palabras, tan cuidadosamente arreglada como la modelo de un artista, tan fresca y lozana como una flor. No creo, sin embargo, que tuviera la intención de ir más allá de demostrar a un hombre muy apuesto que ella no era una mujer vulgar: y no lo era en absoluto. Sin tener unas facciones hermosas ni una figura elegante, resultaba atractiva. Sin tener juventud ni las gracias que la adornan, irradiaba alegría. Uno no se cansaba nunca de verla: jamás era monótona, ni insípida, ni anodina, ni aburrida. El color vivo de sus cabellos, el brillo moderado de sus ojos azules, la saludable tonalidad afrutada de sus mejillas… todo eso gustaba de forma mesurada, pero constante.